lunes, 10 de febrero de 2014

el mundo de sofia


 el mundo de sofia



El jardín del Edén
... al fin y al cabo, algo tuvo que surgir en algún momento de donde
no había nada de nada...
Sofía Amundsen volvía a casa después del instituto. La primera parte del camino la
había hecho en compañía de Jorunn.
Habían hablado de robots. Jorunn opinaba que el cerebro humano era como un
sofisticado ordenador. Sofía no estaba muy segura de estar de acuerdo. Un ser humano
tenía que ser algo más que una máquina.
Se habían despedido junto al hipermercado. Sofía vivía al final de una gran
urbanización de chalets, y su camino al instituto era casi el doble que el de Jorunn. Era
como si su casa se encontrara en el fin del mundo, pues más allá de jardín no había
ninguna casa más. Allí comenzaba el espeso bosque.
Giró para meterse por el Camino del Trébol. Al final hacía una brusca curva que solían
llamar Curva del Capitán. Aquí sólo había gente los sábados y los domingos.
Era uno de los primeros días de mayo. En algunos jardines se veían tupidas coronas
de narcisos bajo los árboles frutales. Los abedules tenían ya una fina capa de encaje
verde.
¡Era curioso ver cómo todo empezaba a crecer y brotar en esta época del año! ¿Cuál
era la causa de que kilos y kilos de esa materia vegetal verde saliera a chorros de la tierra
inanimada en cuanto las temperaturas subían y desaparecían los últimos restos de nieve?
Sofía miró el buzón al abrir la verja de su jardín. Solía haber un montón de cartas de
propaganda, además de unos sobres grandes para su madre. Tenía la costumbre de
dejarlo todo en un montón sobre la mesa de la cocina, antes de subir a su habitación para
hacer los deberes.
A su padre le llegaba únicamente alguna que otra carta del banco, pero no era un
padre normal y corriente. El padre de Sofía era capitán de un gran petrolero y estaba
ausente gran parte del año. Cuando pasaba en casa unas semanas seguidas, se paseaba
por ella haciendo la casa mas acogedora para Sofía y su madre. Por otra parte, cuando
estaba navegando resultaba a menudo muy distante.
Ese día sólo había una pequeña carta en el buzón, y era para Sofía.
«Sofía Amundsen», ponía en el pequeño sobre. «Camino del Trébol 3». Eso era todo,
no ponía quién la enviaba. Ni siquiera tenía sello.
En cuanto hubo cerrado la puerta de la verja, Sofía abrió el sobre. Lo único que
encontró fue una notita, tan pequeña como el sobre que la contenía. En la notita ponía:
www.inicia.es/de/diego_reina
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¿Quién eres?
No ponía nada más. No traía ni saludos ni remitente, sólo esas dos palabras escritas
a mano con grandes interrogaciones.
Volvió a mirar el sobre. Pues sí, la carta era para ella.
¿Pero quién la había dejado en el buzón?
Sofía se apresuró a sacar la llave y abrir la puerta de la casa pintada de rojo. Como de
costumbre, al gato Sherekan le dio tiempo a salir de entre los arbustos, dar un salto hasta
la escalera y meterse por la puerta antes de que Sofía tuviera tiempo de cerrarla.
—¡Misi, misi, misi!
Cuando la madre de Sofía estaba de mal humor por alguna razón, decía a veces que su
hogar era como una casa de fieras, en otras palabras, una colección de animales de
distintas clases. Y por cierto, Sofía estaba muy contenta con la suya. Primero le habían
regalado una pecera con los peces dorados Flequillo de Oro, Caperucita Roja y Pedro el
Negro. Luego tuvo los periquitos Cada y Pizca, la tortuga Govinda y finalmente el gato
atigrado Sherekan.
Había recibido todos estos animales como una especie de compensación por parte de
su madre, que volvía tarde del trabajo, y de su padre, que tanto navegaba por el mundo.
Sofía se quitó la mochila y puso un plato con comida para Sherekan. Luego se dejó
caer sobre una banqueta de la cocina con la misteriosa carta en la mano.
¿Quién eres?
En realidad no lo sabía. Era Sofía Amundsen, naturalmente, pero ¿quién era eso? Aún
no lo había averiguado del todo.
¿Y si se hubiera llamado algo completamente distinto? Anne Knutsen, por ejemplo.
¿En ese caso, habría sido otra?
De pronto se acordó de que su padre había querido que se llamara Synnove. Sofía
intentaba imaginarse que extendía la mano presentandose como Synnøve Amundsen,
pero no, no servía. Todo el tiempo era otra chica la que se presentaba.
Se puso de pie de un salto y entró en el cuarto de baño con la extraña carta en la mano.
Se coloco delante del espejo, y se miró fijamente a sí misma.
—Soy Sofía Amundsen —dijo.
La chica del espejo no contestó ni con el más leve gesto. Hiciera lo que hiciera Sofía,
la otra hacia exactamente lo mismo. Sofía intentaba anticiparse al espejo con un rapidísimo
movimiento, pero la otra era igual de rápida.
—¿Quién eres? —preguntó.
No obtuvo respuesta tampoco ahora, pero durante un breve instante llegó a dudar de
si era ella o la del espejo la que había hecho la pregunta.
Sofía apretó el dedo índice contra la nariz del espejo y dijo:
—Tú eres yo:
www.inicia.es/de/diego_reina
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Al no recibir ninguna respuesta, dio la vuelta a la pregunta y dijo:
—Yo soy tu.
Sofía Amundsen no había estado nunca muy contenta con su aspecto. Le decían a
menudo que tenía bonitos ojos almendrados, pero seguramente se lo dirían porque su
nariz era demasiado pequeña y la boca un poco grande. Además, tenía las orejas
demasiado cerca de los ojos. Lo peor de todo era ese pelo liso que resultaba imposible de
arreglar. A veces su padre le acariciaba el pelo llamándola la muchacha de los cabellos de
lino», como la pieza de música de Claude Debussy. Era fácil para él, que no estaba
condenado a tener ese pelo negro colgando durante toda su vida. En el pelo de Sofía no
servían ni el gel ni el spray.
A veces pensaba que le había tocado un aspecto tan extraño que se preguntaba si no
estaría mal hecha. Por lo menos había oído hablar a su madre de un parto difícil. ¿Era
realmente el parto lo que decidía el aspecto que uno iba a tener?
—¿No resultaba extraño el no saber quien era? ¿No era también injusto no haber
podido decidir su propio aspecto? Simplemente había surgido así como así. A lo mejor
podría elegir a sus amigos, pero no se había elegido a sí misma. Ni siquiera había elegido
ser un ser humano.
¿Qué era un ser humano?
Sofía volvió a mirar a la chica del espejo.
—Creo que me subo para hacer los deberes de naturales —dijo, como si quisiera
disculparse. Un instante después, se encontraba en la entrada.
No, prefiero salir al jardín, pensó.
—¡Misi, misi, misi, misi!
Sofía cogió al gato, lo sacó fuera y cerró la puerta tras ella.
Cuando se encontró en el caminito de gravilla con la misteriosa carta en la mano, tuvo
de repente una extraña sensación. Era como si fuese una muñeca que por arte de magia
hubiera cobrado vida.
¿No era extraño estar en el mundo en este momento, poder caminar como por un
maravilloso cuento?
Sherekan saltó ágilmente por la gravilla y se metió entre unos túpidos arbustos de
grosellas. Un gato vivo, desde los bigotes blancos hasta el rabo juguetón en el extremo
de su cuerpo liso. También él estaba en el jardín, pero seguramente no era consciente de
ello de la misma manera que Sofía.
Conforme Sofía iba pensando en que existía, también le daba por pensar en el hecho
de que no se quedaría aquí eternamente.
Estoy en el mundo ahora, pensó. Pero un día habré desaparecido del todo.
¿Habría alguna vida mas alla de la muerte? El gato ignoraría también esa cuestión por
completo?

6 etapas de piaget

6 etapas de peaget

EL DESARROLLO MENTAL DEL NIÑO
El desarrollo psíquico que se inicia con el nacimiento
y finaliza en la edad adulta es comparable al crecimiento
orgánico: al igual que este último, consiste esencialmente
en una marcha hacia el equilibrio. De igual
forma, en efecto, que el cuerpo evoluciona hasta un nivel
relativamente estable, caracterizado por el final del crecimiento
y por la madurez de los órganos, también la vida
mental puede ser concebida como si evolucionara en la
dirección de una forma de equilibrio final representado
por el espíritu adulto. Así pues, el desarrollo es, en un
sentido, un progresivo equilibrarse, un paso perpetuo de
un estado menos equilibrado a un estado superior de
equilibrio. Desde el punto de vista de la inteligencia, resulta
fácil oponer la inestabilidad y la incoherencia relativas
de las ideas infantiles a la sistematización de la
razón adulta. En el ámbito de la vida afectiva, se ha observado
a menudo que el equilibrio de los sentimientos
aumenta con la edad. Las relaciones sociales obedecen,
finalmente, a una idéntica ley de estabilización gradual.
Sin embargo, una diferencia esencial entre la vida del
cuerpo y la del espíritu debe ser subrayada desde el principio,
si queremos respetar el dinamismo inherente a la
realidad espiritual. La forma final de equilibrio alcanzado
por el crecimiento orgánico es más estática que aquella
hacia la cual tiende el desarrollo mental, y primordialmente
más inestable, de tal modo que, una vez finalizada
la evolución ascendente, se inicia automáticamente
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una evolución regresiva que conduce a la vejez. Ahora
bien, ciertas funciones psíquicas, que dependen estrechamente
del estado de los órganos, siguen una curva análoga:
la agudeza visual, por ejemplo, alcanza un tape
hacia el final de la infancia para disminuir seguidamente,
y diversas comparaciones perceptivas son reguladas
también por esta misma ley. Contrariamente, las funciones
superiores de la inteligencia y la afectividad
tienden hacia un «equilibrio móvil», tanto más estable
cuanto más móvil es, de tal forma que, para los espíritus
sanos, el final del crecimiento no indica, en absoluto,
el inicio de la decadencia, sino que autoriza un progreso
espiritual que no tiene nada de contradictorio con el
equilibrio interno.
Por tanto, vamos a intentar describir la evolución del
niño y el adolescente en términos de equilibrio. Desde
este punto de vista el desarrollo mental es una construcción
continua, comparable a la edificación de un gran
edificio que, con cada adjunción, sería más sólido, o más
bien, al montaje de un sutil mecanismo cuyas fases graduales
de ajustamiento tendrían por resultado una ligereza
y una movilidad mayor de las piezas, de tal modo que
su equilibrio sería más estable. Pero, entonces, debemos
introducir una importante distinción entre dos aspectos
complementarios de este .proceso equilibrador: es
conveniente oponer desde un principio las estructuras
variables, definiendo las formas o los estados sucesivos
de equilibrio, y un cierto funcionamiento constante que
asegure el paso de cualquier nivel al siguiente.
Efectivamente, cuando se compara al niño con el
adulto, puede ocurrir que nos sorprenda la identidad de
las reacciones (se habla entonces de una «pequeña personalidad
» para decir que el niño sabe lo que desea y actúa
como nosotros en función de intereses preciáis) o que
descubramos muchas diferencias —en el juego, por ejemplo,
o en la forma de razonar, y se dice entonces que
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«el niño no es un pequeño adulto». Ahora bien, ambas
impresiones son auténticas, correlativamente. Desde el
punto de vista funcional, o sea, teniendo en cuenta los
móviles generales de la conducta y el pensamiento, existen
funciones constantes, comunes a todas las edades: en
todos los niveles la acción supone siempre un interés
que la desencadena, tanto si se trata de una necesidad
fisiológica, afectiva o intelectual (la necesidad se presenta,
en este último caso, bajo la forma de una pregunta
o un problema); en todos los niveles la inteligencia intenta
comprender o explicar, etc. Ahora bien, aun cuando
las funciones de interés, de la explicación, etc., son comunes
en todas las etapas, o sea «invariantes» como fimciones,
no por'ello es menos cierto que los «intereses»
(por oposición al «interés») varían considerablemente
de un nivel mental a otro, y que las explicaciones particulares
(por oposición a la función de explicar) tienen
formas muy distintas según el grado de desarrollo intelectual.
Junto a las funciones constantes debemos distinguir,
por tanto, las estructuras variables y es precisamente
el análisis de estas estructuras progresivas, o formas
sucesivas de equilibrio, el que indica las diferencias
u oposiciones de un nivel a otro de la conducta, desde
los comportamientos elementales del recién nacido hasta
la adolescencia.
Las estructuras variables serán, por tanto, las formas
de organización de la actividad mental, bajo su doble
aspecto motor o intelectual, por una parte, y afectivo,
por otra, así como según sus dos dimensiones individual
y social (interindividual). Para un& mejor comprensión
distinguiremos seis estapas o períodos de desarrollo, que
señalan la aparición de estas estructuras construidas sucesivamente:
L° La etapa de los reflejos o ajustes hereditarios,
así como las primeras tendencias instintivas
(nutriciones) y las primeras emociones. 2.° La etapa de
las primeras costumbres motrices y de las primeras per-
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cepciones organizadas, así como los primeros sentimientos
diferenciados. 3.° La etapa de la inteligencia sensoriomotriz
o práctica (anterior al lenguaje), de las regulaciones
afectivas elementales y de las primeras fijaciones exteriores
de la afectividad. Estas primeras etapas constituyen
por sí mismas el período del lactante (hasta la edad
de un año y medio a dos años, o sea anteriormente al
desarrollo del lenguaje y del pensamiento propiamente
dicho). 4.° La etapa de la inteligencia intuitiva, de los
sentimientos interindividuales espontáneos y de las relaciones
sociales de sumisión al adulto (de los dos a los
siete años, o segunda parte de la «primera infancia»).
5.° La etapa de las operaciones intelectuales concretas
(inicio de la lógica), y de los sentimientos morales y sociales
de cooperación (de los siete a los once-doce años).
6.°Xa etapa de las operaciones intelectuales abstractas,
de la formación de la personalidad y de la inserción afectiva
e intelectual en la sociedad de los adultos (adolescencia).
Cada una de estas etapas se caracteriza, por tanto,
por la aparición de estructuras originales, cuya construcción
Ja distingue de las etapas anteriores. Lo más esencial
de estas sucesivas construcciones subsiste en el curso de
las ulteriores etapas, como subcstructuras, sobre las que
vienen a edificarse los nuevos caracteres. De ello se desprende
que, en el adulto, cada una de estas etapas pasadas
corresponde a un nivel más o menos elemental o
elevado de la jerarquía de las conductas. Pero a cada
etapa le corresponden también algunos caracteres momentáneos
o secundarios, que son modificados por el
desarrollo ulterior en función de las necesidades de una
mejor organización. Cada etapa constituye, por tanto,
mediante las estructuras que la definen, una forma particular
de equilibrio, y la evolución mental se efectúa
en el sentido de una cquilibración cada vez mejor.
Entonces podemos comprender lo que son los meca-
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nismos funcionales comunes a todas las etapas. Puede
afirmarse, de una forma totalmente general (no solamente
comparando cada etapa con la siguiente, sino cada
conducta, en el interior de cualquier etapa, con la conducta
siguiente) que toda acción —o sea todo movimiento,
todo pensamiento o sentimiento— responde a una necesidad.
El niño, al igual que el adulto, no ejecuta ningún
acto, exterior o incluso totalmente interior, más que
impulsado por un móvil, y este móvil se traduce siempre
en una necesidad (una necesidad elemental o im interés,
una pregunta, etc.). Ahora bien, tal como ha demostrado
Claparéde, una necesidad es siempre la manifestación
de un desequilibrio: hay necesidad cuando
algo, al margen de nosotros o en nosotros mismos (en
nuestro organismo físico o mental) se ha modificado, y
se trata de reajustar la conducta en función de este cambio.
Por ejemplo, el hambre o el cansancio provocarán
la búsqueda de alimento o de reposo; el encuentro de
un objeto exterior desencadenará la necesidad de jugar,
su utilización con fines prácticos, o suscitará una pregunta,
un problema teórico; una palabra pronunciada por
otra persona excitará la necesidad de imitar, de simpatizar
o engendrará reserva u oposición debido a que entra
en conflicto con alguna de nuestras tendencias. Inversamente
la acción finaliza cuando existe una satisfacción de
las necesidades, o sea cuando se restablece el equilibrio
entre el nuevo hecho, que ha desencadenado la necesidad,
y nuestra organización mental tal como esta se presentaba
anteriormente a él. Comer o dormir, jugar o alcanzar los
objetivos, responder a la pregunta o resolver el problema,
lograr su imitación, establecer una relación afectiva,
mantener el punto de vista, son satisfacciones que, en
los ejemplos precedentes, pondrán fin a la conducta particular
suscitada por la necesidad. En cada instante, podría
decirse así, la acción está desequilibrada por las
transformaciones que surgen en el mundo, exterior o in-
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tenor, y cada nueva conducta consiste no sólo en restablecer
el equilibrio, sino también en tender hacia un
equilibrio mási estable que el del estado anterior a esta
perturbación.
La acción humana consiste en este mecanismo continuo
y perpetuo de reajuste y equilibramiento, y es por
ello que, en sus fases de construcción inicial, puede considerarse
a las estructuras mentales sucesivas que engendran
el desarrollo como otras tantas de equilibrio, cada
una de las cuales ha progresado en relación con las precedentes.
Pero debe comprenderse también que este
mecanismo funcional, por general que sea, no explica
el contenido o la estructura de las distintas necesidades,
puesto que cada una es relativa a Ja organización
del nivel considerado. Por ejemplo, la visión de un mismo
objeto desencadenará preguntan muy distintas en un
niño pequeño, que aún es incapaz de poder clasificar,
y en uno mayor cuyas ideas son más extensas y más sistemáticas.
Los intereses de un niño dependen, por tanto,
en cada instante, del conjunto de sus nociones adquiridas
y de sus disposiciones afectivas, puesto que él tiende a
complementarlas en el sentido de un mejor equilibrio.
Antes de examinar detalladamente el desarrollo, debemos
limitarnos a poner de relieve la forma general
de las necesidades y los intereses comunes a todas las
edades. Puede decirse, a este respecto, que toda necesidad
tiende: 1.° a incorporar las cosas y las personas
a la actividad propia del sujeto, y por tanto a «asimilar»
el mundo exterior a las estructuras ya construidas, y
2.° a reajustar estas en función de las transformaciones
experimentadas, y por tanto a «acomodarlas» a los objetos
externos. Desde este punto de vista, toda la vida mental,
así como también la propia vida orgánica, tiende a
asimilar progresivamente el medio ambiente, y lleva a
cabo esta incorporación mediante estructuras, u órganos
psíquicos, cuyo radio de acción es más o menos extenso:
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la percepción y los movimientos elementales (prensión,
etcétera) dan en primer lugar acceso a los objetos próximos
y en su estado momentáneo, y posteriormente la
memoria y la inteligencia prácticas permiten simultáneamente
reconstituir su estado inmediatamente anterior y
anticipar sus próximas transformaciones. A continuación
el pensamiento intuitivo refuerza estos dos poderes. La
inteligencia lógica, bajo su forma de operaciones concretas
y, en resumen, de deducción abstracta, da término
a esta evolución convirtiendo al sujeto en dueño de los
acontecimientos más lejanos, tanto en el espacio como
en el tiempo. Así pues, en cada uno de estos niveles, el
espacio cumple, por tanto, la misma función, que es la
de incorporar el universo a él, pero varía la estructura
de la asimilación, o sea las sucesivas formas de incorporación
de la percepción y del movimiento hasta las operaciones
superiores.
Ahora bien, al asimilar de esta forma los objetos
tanto la acción como el pensamiento se ven obligados a
acomodarse a ellos, o sea, a reajustarse con cada variación
exterior. Se puede denominar «adaptación» al equilibrio
de estas asimilaciones y acomodaciones: esta es
la forma general del equilibrio psíquico y el desarrollo
mental aparece entonces, en su progresiva organización,
como una adaptación siempre más precisa a la realidad.
Y son las etapas de esta adaptación lo que vamos a estudiar
seguidamente.

LIBRO DE TUS ZONAS ERRONEAS

libro de zonas erroneas para descargar en pdf 




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HACIÉNDOTE CARGO DE TI MISMO
La esencia de la grandeza radica en la capacidad de optar por la propia realización personal en circunstancias
en que otras personas optan por la locura.
Mira por encima de tu hombro. Te darás cuenta de que tienes a tu lado un compañero que te acompaña
constantemente. A falta de un nombre mejor llámalo (Tu -Propia-muerte.) Puedes tener miedo a este visitante o
usarlo en tu propio beneficio. De ti depende la elección.
Siendo la muerte una propuesta tan eterna y la vida tan increíblemente breve, pregúntate a ti mismo:
"¿Debo evitar hacer las cosas que realmente quiero hacer?", "¿Viviré mi vida como los demás quieren que la
viva?". Lo más probable es que tus respuestas se puedan resumir en unas pocas palabras: Vive... Sé tú
mismo... Goza... Ama.
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Puedes temer tu propia muerte de forma negativa o usarla para ayudarte a vivir de modo positivo. Escucha
al Iván Ilich de Tolstoi mientras espera al gran nivelador, contemplando un pasado completamente dominado
por los demás, una vida en la que había desistido de ser dueño de sí mismo a fin de encajar en el sistema.
"¿Y si toda mi vida ha sido una equivocación qué?" Se le ocurrió que lo que antes le había parecido
completamente imposible, especialmente el hecho de que no había vivido como debería haberlo hecho podría
después de todo ser verdad. Se le ocurrió que sus impulsos vitales, reprimidos brutalmente por sí mismo
apenas los había experimentado, podrían haber sido lo único verdadero y real de su vida, y todo lo demás
falso. Y sintió que sus obligaciones profesionales y toda la organización de su vida y de su familia, todos sus
intereses sociales y oficiales, todo eso podría haber sido falso. Trató de defenderse y justificarse ante sí mismo
y de pronto sintió cuán débil era lo que estaba defendiendo y justificando. No había nada que defender..."
La próxima vez que tengas que decidir acerca de tu propia vida, que tengas que hacer una elección
personal, hazte una pregunta muy importante:
"¿Cuanto tiempo voy a estar muerto?" Ante esa perspectiva eterna, puedes decidir ahora lo que prefieres, lo
que eliges, y dejar a los que siempre estarán vivos las preocupaciones, los temores, la cuestión de si te lo
puedes permitir y la culpabilidad.
Si no empiezas a actuar de esta manera, ya puedes formularte la posibilidad concreta de vivir toda tu vida
tal como los demás piensan que debería ser. Ciertamente si tu estancia en la tierra es tan corta debería ser
por lo menos agradable. En pocas palabras, se trata de tu vida; haz con ella lo que tú quieres.
LA FELICIDAD Y TU PROPIO C.I.
(Coeficiente de Inteligencia)
El hacerte cargo de ti mismo significa dejar a un lado ciertos mitos muy generalizados. A la cabeza de la
lista está la noción de que la inteligencia se mide por la capacidad de resolver problemas complejos; de
escribir, leer y computar a ciertos niveles; y de resolver rápidamente ecuaciones abstractas. Esta visión de la
inteligencia postula la educación formal y el conocimiento académico o la cultura como la verdadera medida de
la realización personal. Fomenta una especie de esnobismo intelectual que ha obtenido consigo unos
resultados muy desmoralizadores. Hemos llegado a creer que una persona es "inteligente" si tiene una serie de
títulos académicos, o una gran capacidad dentro de alguna disciplina escolástica (matemáticas, ciencias), un
enorme vocabulario, una gran memoria para recordar datos superfluos, o si es gran lector. Sin embargo los
hospitales psiquiátricos están atiborrados de pacientes que tienen todas las credenciales debidamente
presentadas –como de muchos que no las tienen-. El verdadero barómetro de la inteligencia es una vida feliz y
efectiva vivida cada día y en cada momento de cada día.
Si eres feliz, si vives cada momento, aprovechando al máximo sus posibilidades, entonces eres una persona
inteligente. La capacidad de resolver problemas es un aditamento útil a tu felicidad, pero si tú sabes que a
pesar de tu falta de habilidad para resolver cierto tipo de cosas puedes elegir lo que te haga feliz, o que, por lo
menos, puedes evitar lo que te hará infeliz, entonces se podrá decir que eres inteligente. Eres inteligente
porque tienes el arma más eficaz para combatir el C. N. Sí: el (Colapso Nervioso.)
Te llamará quizá la atención que te diga que no existe eso que llamamos Colapso o Depresión Nerviosa.
Los nervios no colapsan. Abre a alguien y busca sus nervios rotos. No aparecerán. Las personas "inteligentes"
no tienen C. N. porque están en control de sí mismas. Ellas saben cómo elegir la felicidad en vez de la
depresión, porque saben enfrentarse con los }problemas} que hay en sus
vidas. Nótese que no dije }resolver} los problemas. En vez de medir su inteligencia por su capacidad para
}resolver} problemas esta gente la mide por su capacidad de seguir siendo igualmente felices y valiosos, se
solucione o no el problema.
Puedes empezar a considerarte realmente inteligente en base a cómo escojas sentirte al enfrentarte con
circunstancias difíciles. Las dificultades de la vida son muy parecidas para todos. Todos los que están con otros
seres humanos en cualquier contexto social tienen las mismas dificultades. Los desacuerdos, las
componendas, los conflictos son partes de lo que significa ser un ser humano. Igualmente, el dinero, la vejez,
las enfermedades, la muerte, los desastres naturales y los accidentes son acontecimientos que presentan
problemas a todos los seres humanos. Pero mientras algunas personas logran evitar el desaliento que
inmoviliza y la infelicidad al enfrentarse con estos hechos, hay otros que se desploman, quedan inertes o sufren
un Colapso Nervioso. Los seres humanos que reconocen los problemas como algo que es parte de la
condición humana y no miden la felicidad por la ausencia de problemas, ésos son los seres humanos más
inteligentes que conocemos; también los más raros y difíciles de encontrar.
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Aprender a hacerte totalmente cargo de ti mismo implicará un proceso mental completamente nuevo, y que
puede resultar difícil porque son demasiadas las fuerzas que en nuestra sociedad conspiran contra la
responsabilidad individual. Debes confiar en tu capacidad de sentir emocionalmente lo que elijas sentir en
cualquier momento dado de tu vida. Éste es un concepto radical. Probablemente tú has crecido creyendo que
no puedes controlar tus propias emociones; que la ira, el miedo y el odio, al igual que el amor, el éxtasis y la
alegría son cosas que te pasan. Un individuo no controla estas cosas: las acepta. Cuando sucede algún
acontecimiento penoso, uno naturalmente siente pena, y espera que muy pronto sucederá algo bueno y alegre
para poderse sentir bien.
ELIGIENDO COMO TE SENTIRÁS
Los sentimientos no son simples emociones que te suceden. Los sentimientos son reacciones que
eliges tener. Si eres dueño de tus propias emociones, si las controlas, no tendrás que escoger
reacciones de autoderrota. Cuando aprendas que puedes sentir lo que prefieres o eliges sentir,
empezarás a encaminarte por la verdadera senda de la "inteligencia" -una senda que no tiene caminos
laterales que lleven hacia el C.N. o la D.N.-. Esta senda es nueva porque tú considerarás a una emoción dada
como una opción y no como una condición de la vida. Éste es el meollo y el alma misma de la libertad personal.
Con la lógica se puede atacar el mito del no estar a cargo o en control de las propias emociones. Por medio
de un simple silogismo (una formulación lógica en la que se tiene una premisa mayor, una premisa menor y
una conclusión que se basa en un acuerdo entre las dos premisas) puedes empezar el proceso de estar a
cargo de ti mismo, tanto mental como emocionalmente.
Lógico.- Silogismo
Premisa Principal: Aristóteles es un hombre.
Premisa Menor: Todos los hombres tienen pelo facial.
Conclusión: Aristóteles Tiene Pelo Facial.
Ilógico.- Silogismo
Premisa Mayor: Aristóteles tiene pelo en la cara.
Premisa Menor: Todos los hombres tienen pelo en la cara.
Conclusión: Aristóteles Es Un Hombre.
Está muy claro que cuando recurres a la lógica, debes tener cuidado de que las premisas mayor y menor
estén de acuerdo. En el segundo ejemplo Aristóteles podría ser un mono o un topo. He aquí un ejercicio lógico
que puede descartar para siempre la noción de que tú no puedes hacerte cargo de tu propio universo
emocional.
Premisa Mayor: Yo puedo controlar mis pensamientos.
Premisa Menor: Mis sentimientos provienen de mis pensamientos.
Conclusión: Yo Puedo Controlar Mis Sentimientos.
La premisa mayor está clara. Tienes el poder de pensar lo que se te ocurra. Si se te ocurre algo de
improviso (algo que tú elegiste poner en tu cabeza, aunque no sepas por qué lo hiciste), aún tienes el poder de
hacerlo desaparecer y por tanto sigues controlando tu universo mental. Yo te puedo decir: "Piensa en un
antílope color rosa", y tú lo puedes volver verde o convertirlo en un jabalí, o puedes pensar simplemente en
cualquier otra cosa que quieras. Sólo tú puedes controlar lo que entra en tu cabeza como un pensamiento. Si tú
no crees en esto, contesta simplemente esta pregunta: "Si no eres tú el que controla tus pensamientos, ¿quién
los controla? ¿Es acaso tu cónyuge, o tu jefe o tu madre?".
Y si son ellos los que controlan lo que tú piensas, entonces mándalos a ellos a que se hagan un tratamiento
psicoterapéutico, y tú mejorarás inmediatamente. Pero tú sabes que no es así. Tú y sólo tú puedes controlar tu
aparato pensante (fuera de casos extremos de lavado de cerebro o de experimentos de condicionamiento que
no forman parte de tu vida). Tus pensamientos son tuyos, exclusivamente tuyos para hacer con ellos lo que
quieras, conservarlos, cambiarlos, compartirlos o contemplarlos. Ninguna otra persona puede meterse dentro
de tu cabeza y tener tus pensamientos como tú los experimentas. Eres tú quien controla realmente tus
pensamientos, y tu cerebro es tuyo propio, y puedes usarlo como quieras y determines.
Tu premisa menor no es discutible si examinas las pruebas históricas y empleas tu sentido común. No
puedes tener un sentimiento (emoción) sin antes haber experimentado un pensamiento. Sin el cerebro
desaparece tu capacidad de "sentir". Un sentimiento es una reacción física a un pensamiento. Si lloras, o te
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sonrojas, te late más fuerte el corazón o te sucede cualquiera de las posibles reacciones emocionales de la
interminable lista de posibilidades, quiere decir que primero has recibido una señal desde el centro del
pensamiento. Cuando el centro del pensamiento de tu mente está dañado o ha sufrido un cortocircuito, no
sientes emociones, no puedes sentirlas. Con cierto tipo de lesiones en el cerebro no se siente ni el dolor físico,
literalmente tu mano puede quedar completamente achicharrada y frita al fuego y tú no sentir ninguna
sensación de dolor.
Tú sabes que no puedes neutralizar tu centro del pensamiento y al mismo tiempo experimentar cualquier
sensación en tu cuerpo. No es posible. Así tu premisa menor se apoya en una verdad. Todas tus sensaciones
te llegan precedidas por un pensamiento, y sin la función el cerebro no puedes experimentar sensaciones. La
conclusión del silogismo es también ineludible. Si tú controlas tus pensamientos, y tus sensaciones y
sentimientos provienen de tus pensamientos, entonces eres capaz de controlar tus propios sentimientos y
sensaciones. Y puedes controlar tus sentimientos elaborando los pensamientos que los precedieron. Para
simplificar podemos decir que tú crees que son las cosas o la gente los que te hacen infeliz, pero esto no es
correcto. Eres tú el responsable de tu desgracia porque son tus pensamientos respecto a las cosas y a la gente
que hay en tu vida los que te hacen infeliz. Para llegar a ser una persona libre y sana tienes que aprender a
pensar de forma diferente. Cuando hayas logrado modificar tus pensamientos, entonces empezarán a surgir
tus nuevos sentimientos y habrás dado el primer paso en el camino hacia tu libertad personal.
Consideremos el silogismo de una manera más personal tomando el caso de Cal, un joven ejecutivo que se
pasa la mayor parte del tiempo preocupado y sufriendo porque su jefe piensa que es tonto. Cal es muy infeliz
porque su jefe tiene una opinión muy pobre de él. Pero si Cal no supiera que su jefe piensa que él es tonto,
¿sería igualmente infeliz? Por supuesto que no. ¿Cómo podría sentirse desgraciado por algo que ignora? O
sea, que lo que cree o deja de creer su jefe no es lo que lo hace infeliz. Lo que Cal cree es lo que lo hace
infeliz. Más aún, Cal es responsable de su propia infelicidad al convencerse a sí mismo de que lo que otra
persona piensa es más importante que lo que él mismo piensa.
Esta misma lógica es aplicable a todos los acontecimientos, cosas y puntos de vista de las personas. La
muerte de alguien no es lo que te apena; hasta enterarte no puedes haberte apenado, así que no es la muerte
la causa de tu pena sino lo que tú te dices respecto a ese hecho. Los huracanes no son deprimentes por sí
mismos; la depresión es algo exclusivamente humano. Si te sientes deprimido a causa de un huracán es que te
estás diciendo a ti mismo cosas que te deprimen respecto al huracán.
Esto no quiere decir que te debas engañar diciéndote cosas que te hagan disfrutar del huracán, sino que más
bien te preguntes a ti mismo: "¿Por qué voy a escoger la depresión? ¿Acaso deprimirme me ayudará a
enfrentarme con el hecho del huracán de una manera más eficiente?".
Has crecido y te has desarrollado en un ambiente cultural que te ha enseñado que no eres responsable de
tus sentimientos y sensaciones, aunque la verdad silogística te demuestre que siempre lo fuiste. Has aprendido
una cantidad de dichos para defenderte del hecho de que eres tú el que controla tus sentimientos. He aquí una
pequeña lista de frases hechas que has usado una y otra vez. Examina los mensajes que envían estas frases.
- "Me ofendes."
- "Me haces sentirme mal."
- "No puedo evitar sentir lo que siento."
- "Simplemente estoy enfadado, no me pidas que te explique por qué."
- "Esa persona me enferma."
- "Tengo miedo a las alturas."
- "Me avergüenzas."
- "Me acelero cuando ella está cerca de mí."
- "Me haces hacer el tonto en público."
Esta lista podría seguir interminablemente. Cada frase contiene dentro de sí misma un mensaje que anuncia
que no eres responsable de lo que sientes. Ahora vuelve a escribir la lista correctamente, o sea, de manera
que refleje que eres tú quien controla lo que sientes y que tus sentimientos y sensaciones provienen de los
pensamientos que tienes respecto a cualquier cosa.
- "Me ofendí por las cosas que me dije a mí mismo respecto a cómo reaccionaste tú ante mí."
- "Me hice sentirme mal.
- "Puedo evitar sentir lo que siento, pero he escogido estar enfadado."
- "He decidido sentirme enfadado porque generalmente puedo manipular a los demás con mi enfado puesto
que ellos piensan que yo los controlo."
- "Yo me enfermo a mí mismo."
- "Yo me asusto a mí mismo en las alturas."
- "Yo me avergüenzo de mí mismo."
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- "Yo me excito cuando estoy cerca de ella."
- "Yo hago el tonto por tomar más en serio tus opiniones respecto a mí mismo que las mías propias, y por
creer que los demás hacen lo mismo."
Quizá tú crees que los dichos de la Lista 1 son simplemente figuras retóricas que se han convertido en
clichés que se usan en nuestro ambiente cultural y que no tienen mayor significado. Pero si es así como
piensas entonces pregúntate a ti mismo por qué las frases de la Lista 2 no se han convertido en clichés. La
respuesta está en la influencia de nuestro ambiente cultural sobre nuestro pensamiento que nos enseña a
pensar como la Lista 1 y nos aleja de la lógica de la Lista 2.
El mensaje es claro como el cristal. Eres tú el responsable de lo que sientes. Sientes lo que piensas, y
puedes aprender a pensar diferentemente sobre cualquier cosa, si decides hacerlo. Pregúntate a ti mismo si
vale la pena, si te compensa ser infeliz, estar deprimido o sentirte herido u ofendido.
Entonces examina, profundamente, el tipo de pensamientos que te están Llevando hacia estos sentimientos
de debilidad.
UNA TAREA DIFÍCIL:
APRENDER A NO SER DESGRACIADO
No es fácil cambiar de modo de pensar. Tú estás acostumbrado a un cierto tipo de pensamientos y a sus
consecuencias debilitantes. Hay necesidad de trabajar mucho para poder deshacerse de los hábitos de
pensamiento que has asimilado hasta ahora. Es fácil ser feliz, pero aprender a no ser desgraciado puede
resultar difícil.
La felicidad es la condición natural de la persona. Esto es evidente cuando se observa a los niños
pequeños. Lo que es difícil es deshacerse de todos los "deberías" y "tendrías que" que has digerido en el
pasado.
Hacerte cargo de ti mismo empieza con tener conciencia de ti mismo. Pon atención cuando digas cosas como
"Me han ofendido". Piensa en lo que estás haciendo en el momento que lo estés haciendo. El nuevo
pensamiento requiere ser consciente de tus viejos pensamientos. Te has acostumbrado a patrones mentales
que identifican las causas de tus sentimientos en hechos externos.
Has empleado miles de horas de refuerzo para apoyar estos pensamientos y tendrás que equilibrar la balanza
poniendo miles de horas de pensamientos nuevos, unos pensamientos que asumen la responsabilidad de tus
propios sentimientos. Es difícil, realmente difícil; pero ¿qué importa? Ciertamente no es motivo para dejar de
hacerlo.
Recuerda los tiempos en que estabas aprendiendo a manejar un automóvil con cambios manuales. Te
enfrentabas con un problema que parecía insuperable. Tenías tres pedales pero sólo dos pies con que
manejarlos. Lo primero fue tomar conciencia de la complejidad de la tarea. Suelta el embrague lentamente, el
coche demasiado rápido, hay sacudidas, aprieta el pedal del acelerador al mismo tiempo que sueltas el
embrague, el pie derecho para el freno, pero el embrague tiene que entrar, o pegarás otra sacudida. Millones
de señales mentales: siempre pensando, usando tu cabeza. ¿Qué hago? Estoy consciente, alerta, y al cabo de
mil pruebas, equivocaciones y esfuerzos reiterados llega el día en que te subes a tu coche y sales
conduciendo. Nada de vacilaciones, nada de sacudidas, nada de pensamientos. Conducir con embrague
manual se ha convertido en algo completamente natural, y ¿cómo lo hiciste? Con gran dificultad. Con mucho
pensar-en-el-presente, mucho recordar, con trabajo y esfuerzo.
Tú sabes regular tu mente cuando se trata de realizar trabajos físicos, tales como enseñar a tus pies y a tus
manos a que coordinen sus esfuerzos para conducir un coche. El proceso es menos conocido pero funciona
igual en el universo emocional. Has aprendido los hábitos que tienes ahora usándolos y reforzándolos
durante toda tu vida. Te sientes desgraciado, enfadado, herido y frustrado automáticamente porque así
aprendiste a pensar hace mucho tiempo. Has aceptado tu comportamiento y no te has preocupado de la
posibilidad de cambiarlo. Pero puedes aprender a no ser desgraciado, a no estar enfadado, o herido o frustrado
del mismo modo que aprendiste todas esas actitudes de autofrustración.
Por ejemplo, se te ha enseñado que ir al dentista es una experiencia desagradable y que está asociada con
sensaciones de dolor. Siempre has sentido que era desagradable e incluso te has dicho a ti mismo cosas
como:
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"dio el torno". Pero todas éstas son reacciones aprendidas. Tú podrías hacer que la experiencia funcionara a tu
favor si decidieras que se trata de un procedimiento agradable. Podrías, si realmente decides usar tu cabeza,
hacer que el ruido del torno te haga pensar en una hermosa experiencia sexual y cada vez que suene su
ronroneo podrías entrenar a tu mente a que se imagine el momento más orgiástico de tu vida. Podrías pensar
diferentemente sobre lo que solías llamar dolor, y elegir sentir algo nuevo y agradable. Te resultará mucho
más agradable y gratificante dominar tus propias circunstancias dentales que aferrarte a las viejas
imágenes y simplemente resignarte.
Quizá te cuesta creerlo. Puede que digas algo así como: "Yo puedo pensar en lo que quiera pero igual me
siento desgraciado cuando el dentista me mete el torno en la boca". Esto nos Lleva de vuelta al embrague
manual.
¿Cuándo creíste que podías manejarlo? Un pensamiento se convierte en una certidumbre cuando lo elaboras,
no cuando pruebas hacerlo una vez y luego tomas como pretexto tu falta de pericia o fracaso inicial para dejar
de hacerlo.
El hacerte cargo de ti mismo implica un esfuerzo más grande que el que significa simplemente especular
con ideas nuevas. Implica la determinación, la decisión de ser feliz y de enjuiciar y destruir todos y cada uno de
los pensamientos que te producen una infelicidad autoinmovilista.
LA POSIBILIDAD DE ELECCIÓN:
TU LIBERTAD FUNDAMENTAL
Si todavía crees que no eliges ser infeliz, trata de imaginarte que las cosas suceden de la siguiente manera.
Cada vez que te sientes desgraciado, se te somete a una experiencia desagradable. Tal vez estás encerrado
solo en una habitación durante mucho tiempo, u obligado a meter te en un ascensor lleno de gente donde
debes pasar varios días. Te puedes dejar sin comer u obligarte a comer un plato que encuentras
particularmente desagradable. O quizá te torturan: otra gente te tortura físicamente en vez de torturarte tú
mismo mentalmente.
Trata de imaginarte que se te somete a cualquiera de estos castigos hasta que logres deshacerte de las
sensaciones penosas. ¿Cuánto tiempo crees que seguirías aferrándote a ellas? Lo más probable es que te
harías cargo de tus sentimientos y sensaciones rápidamente. Así pues, no se trata de si puedes o no hacerte
cargo y controlar tus sentimientos y sensaciones, sino de que si lo harás realmente o no lo harás. ¿Cuánto
aguantarás antes de decidirte? Algunas personas eligen volverse locas antes que hacerse cargo de sí mismas
y controlar sus vidas. Otras simplemente se entregan y se hunden en una vida llena de sufrimientos porque el
dividendo de la compasión recibida es mayor que la r recompensa de ser feliz.
De lo que aquí se trata es de tu capacidad de elegir la felicidad, o por lo menos de no elegir la infelicidad en
cualquier momento dado de tu y ida. Esta puede que sea una idea apabullante pero es a la vez una idea que
debes considerar cuidadosamente antes de rechazarla, puesto que su rechazo significa darte por vencido.
Rechazarla es creer que un tercero está a cargo de ti. Pero la elección de la felicidad podría resultarte más fácil
que algunas de las cosas que a diario complican tu vida.
Igual que tienes libertad para escoger la felicidad en vez de la infelicidad, eres también libre de elegir entre
un comportamiento autorrealizante en vez de un comportamiento autoderrotante. Si en este tiempo conduces
un coche, lo más probable es que te encontrarás frecuentemente en atascos de tráfico. ¿Te enfadas entonces,
o insultas a los otros conductores, riñes con tus pasajeros y te desahogas con cualquier cosa o con cualquier
persona que se te ponga por delante? ¿Justificas tu comportamiento diciendo que el tráfico te pone malo y que
simplemente no te puedes dominar en los atascos? ¿Qué pasaría si decides pensar en otra cosa? ¿Qué
pasaría si decides usar tu cabeza de una manera constructiva? Quizá te tome algún tiempo el poder
hacerlo, pero puedes aprender a hablarte a ti mismo de una manera diferente, acostumbrarte a un
comportamiento diferente que podría incluir el silbar, o cantar, o grabar cartas verbales en una cinta
magnetofónica e incluso tomarte el tiempo postergando tus enfados por espacio de treinta segundos.
No aprenderás a que te gusten las aglomeraciones pero sí, aunque muy lentamente al principio, a
pensar de una manera nueva. Habrás aprendido a no sentirte incómodo. Habrás elegido sustituir, paso
a paso, lentamente pero avanzando siempre, las viejas emociones autofrustrantes por nuevas
emociones sanas y constructivas.
De ti y de las elecciones que hagas depende que las experiencias de tu vida sean estimulantes y
agradables. Las fiestas aburridas y las reuniones de comité son territorios fértiles para escoger nuevas
sensaciones y sentimientos. Cuando estés aburrido puedes hacer que tu mente trabaje de diferentes maneras
que resulten estimulantes, como cambiar el tema con una observación clave, o escribiendo el primer capítulo
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de tu novela, o trabajando en distintos proyectos que te ayuden a evitar este tipo de situaciones en el futuro.
Para usar tu mente activamente lo que tienes que hacer es ver cuáles son la gente y las cosas que te crean
conflicto y decidir entonces cuáles son los esfuerzos mentales que harán que estos mismos hechos y estas
mismas personas actúen positivamente para ti.
Por ejemplo en un restaurante, si te molestas porque el servicio es malo, piensa primero por qué no debes
escoger el molestarte porque algo o alguien no funciona como tú quisieras. Vales demasiado para que te
dejes perturbar por otra persona, especialmente si esa persona tiene tan poca importancia en tu vida.
Piensa en qué estrategias puedes usar para cambiar el momento, márchate, o haz cualquier cosa. Pero
no dejes que la situación te perturbe. Haz que tu cabeza trabaje a favor tuyo y poco a poco adquirirás la
costumbre de no molestarte cuando las cosas vayan mal.
ESCOGER LA SALUD EN VEZ DE LA ENFERMEDAD
También puedes escoger eliminar ciertos sufrimientos físicos que no provienen de alguna falla orgánica
conocida. Hay muchos malestares físicos que a menudo no provienen de desórdenes fisiológicos como ciertos
dolores de cabeza, dolores de espalda, úlceras, hipertensión, urticarias, erupciones de la piel, calambres,
dolores diversos y así por el estilo.
Una vez tuve una paciente que juraba que hacía cuatro años que tenía dolor de cabeza todas las mañanas.
Todas las mañanas a las 6.5 esperaba que le llegara y entonces tomaba analgésicos. También mantenía bien
informados de sus sufrimientos a sus amigas y compañeros de trabajo. Se le sugirió a esta paciente que en
realidad ella quería sentir estos dolores de cabeza y los había escogido como una manera de llamar la atención
y de que la gente la compadeciera. También se le sugirió que podía aprender a no desear esto para sí misma y
que podía tratar de trasladar el dolor de en medio de la frente hacia un costado de la cabeza. Ella iba a
aprender a controlar su dolor de cabeza o a darse cuenta de que lo controlaba haciéndolo cambiar de lugar. La
primera mañana se despertó a las 6.30 y se quedó en la cama esperando su dolor. Cuando llegó pudo
}pensarlo} en otro lugar de su cabeza. Escogió algo nuevo para sí y finalmente dejó de escoger tener dolores
de cabeza.
Hay cantidad de pruebas que apoyan la teoría de que la gente escoge tener tumores, artritis, enfermedades
del corazón, "accidentes" y muchos otros males incluido el cáncer, males que se ha pensado siempre que le
suceden fortuitamente a la gente. En el tratamiento de enfermos "mortalmente enfermos", muchos
investigadores han empezado a creer que la manera de aliviar el mal es ayudando al paciente a no desear la
enfermedad en cualquier forma que sea. Algunas culturas tratan el dolor de esta manera, dominando
completamente la mente y haciendo que el autocontrol sea sinónimo de control mental.
El cerebro que está compuesto de diez billones de partes funcionantes, tiene suficiente capacidad de
almacenamiento como para aceptar diez novedades por segundo. Se ha calculado, y haciendo cálculos
moderados, que el cerebro humano puede almacenar una cantidad de información equivalente a cien trillones
de palabras, y que nosotros usamos sólo una pequeña fracción de este espacio.
Este instrumento que llevas contigo por todas partes es muy potente y puedes elegir usarlo de diferentes
maneras, algunas tan estupendas y tan fantásticas que ni siquiera se te habían ocurrido hasta ahora. Trata de
ser consciente de esto mientras vayas leyendo las páginas de este libro y trata de escoger nuevas formas de
pensar.
No te apresures a decir que este tipo de control es una forma de charlatanería. La mayoría de los médicos
han visto a pacientes que optan por una enfermedad física que no tiene causas fisiológicas. No es raro ver
gente que se enferma misteriosamente cuando se enfrentan con alguna circunstancia difícil, o que evitan
enfermarse cuando estar enfermo es sencillamente "imposible" en ese momento, y de esa manera postergan
los efectos, quizá la fiebre, hasta que no exista esa circunstancia tan importante, y sólo entonces se
derrumban.
Yo conozco el caso de un hombre de 36 años atrapado en una horrible situación matrimonial. Decidió el 15
de enero que el 10 de marzo dejaría a su mujer. El 28 de febrero desarrolló una fiebre de 40º y empezó a
vomitar sin poderse controlar. Esto se convirtió en una situación recurrente; cada vez que se armaba de valor
para decidir abandonar a su mujer le daba la gripe o un ataque de indigestión. Estaba eligiendo. Era más fácil
enfermarse que enfrentarse con la culpa, el miedo, la vergüenza y lo desconocido que implicaba el hecho de la
separación.
Escucha los anuncios que oímos por la televisión.
"Yo soy un Corredor de la Bolsa... así es que se podrán imaginar los dolores de cabeza que tengo que
soportar, las tensiones. Pero yo tomo esta píldora para quitármelos." Mensaje: No puedes controlar lo que
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sientes si trabajas en cierto tipo de empleos (profesores, ejecutivos, padres); por tanto, confía en algo que lo
haga por ti.
Nos bombardean con mensajes de ese tipo a diario. Lo que esconden e implican está muy claro y es que
somos unos prisioneros indefensos que tenemos que tener algo o alguien que haga las cosas por nosotros.
Tonterías. Sólo tú puedes mejorar tu suerte y hacerte feliz a ti mismo. De ti depende hacerte cargo de controlar
tu propia mente, y entonces debes tratar de sentir y actuar de las maneras que elijas.
EVITAR LA INMOVILIDAD
Cuando consideres tu potencial para escoger la felicidad, ten presente la palabra inmovilización como el
indicador de las emociones negativas de tu vida. Puede que creas que a veces vale la pena sentir rabia,
hostilidad, timidez u otros sentimientos por el estilo, y por esa razón, quieres aferrarte a ellos. La medida en
que estos sentimientos te inmovilicen debe de ser lo que te sirva de guía.
La inmovilización puede oscilar entre la inacción total y las pequeñas indecisiones o vacilaciones. ¿Acaso
tus enfados evitan que hagas o digas cosas que quieres hacer o decir? Si es así, es porque te inmovilizan. ¿Tu
timidez te impide conocer gente que quieres conocer? Si es así, quiere decir que tu timidez te inmoviliza e
imposibilita que tengas experiencias que son tuyas por derecho. ¿Acaso tus celos y tu odio contribuyen a
provocarte una úlcera de estómago o a aumentarte la presión arterial?
¿Evitan que hagas tu trabajo eficaz en tu empleo? ¿No puedes dormir o hacer el amor por alguna sensación
negativa del momento presente? Todos éstos son signos de inmovilización. }Inmovilización:} Un estado, que,
en grado mayor o menor, imposibilita que funciones al nivel que quisieras funcionar. Si ciertos sentimientos te
conducen a ese estado, no vale la pena que sigas buscando más razones para deshacerte de ellos.
He aquí una pequeña lista de algunas ocasiones en las que puede que te encuentres inmovilizado. Oscilan
entre menores y mayores estados de inmovilidad.
Estás inmovilizado cuando...
No puedes dirigirte cariñosamente a tu cónyuge o a tus niños aunque lo quieras hacer.
No puedes trabajar en un proyecto que te interesa.
Te pasas el día sentado en la casa pensando en tus problemas.
No haces el amor y te gustaría hacerlo.
No juegas al tenis o al golf o no tomas parte en otras actividades agradables por una sensación
desagradable que arrastras contigo.
No te atreves a presentarte a una persona que te atrae.
Evitas hablar con alguien aunque te das cuenta de que un sencillo gesto amistoso mejoraría vuestra
relación.
No puedes dormir porque algo te preocupa. No puedes pensar con claridad porque estás enfadado.
Le dices algo pesado e injusto a alguien que quieres.
Te tiemblan las facciones o estás tan nervioso que no funcionas como quisieras.
La inmovilización abarca un amplio territorio. Casi todas las emociones negativas provocan un estado de
autoinmovilidad, y esto ya es un motivo más que suficiente para eliminarlas de tu vida. Quizá pienses en una
circunstancia en que las emociones negativas dan un beneficio como puede ser dirigirte a un niño con voz
enfadada para hacer hincapié en el hecho de que no quieres que juegue en la calle. Si el tono de enfado es
una simple estrategia para conseguir el resultado deseado y ésta funciona, entonces muy bien, quiere decir
que has. adoptado una estrategia sana y positiva. Sin embargo si gritas a los demás no porque quieras lograr
algo o hacer hincapié en algo, sino porque estás perturbado internamente, entonces, quiere decir que te has
inmovilizado a ti mismo; quiere decir que ha llegado el momento de empezar a escoger nuevas actitudes que te
ayuden a lograr tu objetivo de que el niño no juegue en la calle sin por ello experimentar sensaciones que te
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sean dolorosas y perjudiciales. En el Capítulo I 1 trato nuevamente el tema de la ira y de la manera en que se
puede postergar y apaciguar.
LA IMPORTANCIA DE VIVIR EN EL MOMENTO PRESENTE
Una de las maneras de combatir la inmovilización por pequeña que sea es aprendiendo a vivir en el
momento presente. Vivir el momento presente, ponerte en contacto con tu "ahora" constituye el meollo de una
vida positiva. Si lo piensas, te darás cuenta de que en realidad no existe otro momento que puedas vivir. El
ahora es todo lo que hay, y el futuro es simplemente otro momento presente para ser vivido cuando llegue. Una
cosa es segura; que no puedes vivirlo hasta que aparezca realmente. El problema reside en el hecho de que
vivimos en una cultura que quita importancia al presente, al ahora. ¡Ahorre para el futuro! ¡Piense en las
consecuencias! ¡No sea hedonista! ¡Piense en el mañana! ¡Prepárese para su jubilación!
Evitar el momento presente es casi una enfermedad en nuestra cultura, y continuamente se nos condiciona a
sacrificar el presente por el futuro.
Si llevamos esta actitud a sus conclusiones lógicas, nos daremos cuenta de que se trata no sólo de evitar el
goce ahora sino de evadirse para siempre de la felicidad. Cuando llega el futuro éste se convierte en presente y
debemos usarlo para preparar el futuro. La felicidad es algo que sucede en el mañana o sea algo elusivo, falaz.
La enfermedad de evitar el momento presente adquiere muchas formas.
He aquí cuatro ejemplos típicos de comportamiento evasivo.
La señora Sally Forth decide irse al bosque a respirar aire puro, gozar de la naturaleza y ponerse en
contacto con sus momentos presentes.
Mientras pasea por el bosque deja divagar su mente y la enfoca en todas las cosas que debería estar
haciendo en su casa... Los niños, la compra, la casa, las cuentas que hay que pagar, ¿estará todo bien?
Luego, en otros momentos, su mente se proyecta hacia todas las cosas que tendrá que hacer cuando salga del
bosque. Se perdió el presente, ocupado por sucesos pasados y futuros, y la encantadora y rara ocasión de
disfrutar de un momento presente en contacto con la naturaleza se ha perdido para siempre.
La señora Sandy Shore se va a las islas para disfrutar de unas vacaciones, y se pasa todo el tiempo
bronceándose al sol no por el placer de sentir los rayos de sol sobre su cuerpo, sino que anticipándose a lo que
dirán sus amigos cuando vuelva a casa con un precioso bronceado. Su mente está concentrada en el futuro, y
cuando ese momento futuro llegue, ella sentirá no poder estar de vuelta en la playa tomando el sol. Si tú crees
que la sociedad no fomenta este tipo de actitudes, piensa en el anuncio comercial de un producto bronceador:
"Os odiarán más cuando volváis a casa si usáis este producto".
El señor Neil N. Prayer tiene un problema de impotencia. Cuando está experimentando el momento
presente con su esposa, su mente empieza a divagar y a pensar en sucesos pasados o futuros y el presente se
le desvanece. Cuando finalmente logra concentrarse en el momento presente se imagina que está haciendo el
amor con otra persona mientras ella igualmente piensa en su amante.
El señor Ben Fishen está leyendo un libro y haciendo lo imposible por concentrarse en lo que está leyendo.
De pronto se da cuenta de que su mente ha partido en una excursión mental. Su mente no ha absorbido ni una
sola idea. Estaba evitando el material escrito en esas páginas aunque sus ojos enfocaban cuidadosamente
cada palabra. Literalmente estaba participando en el ritual de la lectura mientras ocupaba su momento
presente en pensamientos que se referían a la película que había visto la noche anterior o al examen del día
siguiente.
Puedes disfrutar maravillosamente del momento presente, ese tiempo huidizo que siempre está
contigo, si te entregas completamente a él, si te "pierdes" en él. Absorbe todo lo que te brinda el
momento presente y desconéctate del pasado que ya no existe y del futuro que llegará a su tiempo.
Aférrate al momento presente como si fuera el único que tienes. Y piensa que recordar, desear, esperar,
lamentar y arrepentirse son las tácticas más usuales y más peligrosas para evadir el presente.
A menudo la evasión del presente conduce a una idealización del futuro. En el futuro, en algún momento
maravilloso del futuro, cambiará la vida, todo se ordenará y encontrarás la felicidad. Cuando llegue ese
momento tan importante y suceda lo que esperas -tu graduación del colegio o Universidad, el matrimonio, un
niño, un ascenso- entonces empezará la vida en serio. Y lo más probable es que cuando llegue ese momento y
ocurra el suceso esperado tendrás una gran desilusión. Nunca podrá ser lo que esperabas. Trata de recordar
tu primera experiencia sexual. Después de una espera tan larga, los orgasmos no tenían carácter de jubileo ni
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la violencia de un ataque epiléptico sino más bien un preguntarse entre divertido y extrañado por qué la gente
hacía tanta alharaca respecto al sexo y quizá también una sensación de "¿Es esto realmente todo?".
Claro que cuando algo que te sucede no está a la altura de tus expectativas, puedes librarte de la depresión
que ello te produce empezando a idealizar de nuevo. No dejes que este círculo vicioso se convierta en un estilo
de vida para ti. Interrúmpelo ya, ahora mismo estratégicamente con algo que te llene, y te haga sentirte
realizado en el momento-presente.
Hace años, en 1903, Henry James dio estos consejos en su novela “Los embajadores:”
Vive todo lo que puedas; no hacerlo es una equivocación.
No importa mucho lo que hagas siempre que tengas tu vida.
Si no has tenido eso, ¿qué has tenido?...
...El momento apropiado es cualquier momento que uno aún tiene la suerte de tener... ¡Vive!
Si miras hacía atrás lo que ha sido tu vida, como lo hizo Ivan Ilich en la novela de Tolstoi, descubrirás que es
muy raro que te lamentes o arrepientas por algo que has hecho. Es lo que no has hecho lo que te atormentará.
O sea, que el mensaje está muy claro. ¡Hazlo! !Haz cosas!
Valora el momento presente. Aférrate a cada momento de tu vida y saboréalo.
Dale importancia, valoriza tus momentos presentes. Piensa que si los desperdicias con actitudes
autofrustrantes, los habrás perdido para
siempre.
El tema de la concienciación del momento-presente aparece en todas las páginas de este libro. La gente
que sabe coger al vuelo ese momento presente y sacar de él todo el provecho posible, "maximizarlo", es la
gente que ha escogido vivir una vida libre, eficiente, efectiva y plena. Y ésa es una elección que todos y cada
uno de nosotros podemos hacer.
CRECIMIENTO CONTRA IMPERFECCIÓN COMO MOTIVADOR
Dos tipos de necesidades pueden motivarte a elegir una vida plena y feliz. La forma de motivación más
común se llama imperfección o motivación por deficiencia, y el otro tipo, el más sano, se denomina motivación
de crecimiento y desarrollo.
Si colocas una piedra bajo el lente de un microscopio y la observas con cuidado notarás que no cambia
nunca. Pero, si pones un trozo de coral bajo el mismo lente podrás darte cuenta que éste crece y cambia.
Conclusión: el coral está vivo, la piedra está muerta. ¿Cómo notas la diferencia entre una flor que está viva y
una que está muerta? La que está creciendo es la que está viva. La única verdadera prueba de la vida es el
crecimiento. Esto también es cierto en el universo psicológico. Si estás creciendo quiere decir que estás vivo.
Si no estás creciendo y desarrollándote es igual que si estuvieras muerto.
Tu motivación puede provenir de un deseo de crecer y desarrollarte más que de un deseo de reparar tus
deficiencias. Si llegas a reconocer que siempre podrás crecer, mejorar, desarrollarte, volverte cada vez más y
más grande, ya es suficiente. Cuando decides quedarte inmovilizado o experimentar emociones dolorosas,
entonces habrás hecho una decisión de anticrecimiento. La motivación del crecimiento y el desarrollo implica
usar tu energía vital para alcanzar una mayor felicidad más que para tener que mejorarte a ti mismo porque has
pecado o porque de alguna manera estás incompleto.
Uno de los corolarios de la elección del crecimiento y desarrollo como motivación es el dominio de ti mismo
en todos los momentos presentes de tu vida. Tener dominio de ti mismo significa que tú eres el que decides tu
destino; que no eres de los que contemporizan ni de los que se amoldan a lo que les brinda la vida. Más bien
que escoges lo que tu mundo será para ti. George Bernard Shaw lo expresó muy bien en su obra de teatro "La
profesión de la señora Jarren."
La gente siempre le echa la culpa a sus circunstancias por lo que ellos son. Yo no creo en las circunstancias.
La gente a la que le va bien en la vida es la gente que va en busca de las circunstancias que quieren y si no las
encuentran, se las hacen, se las fabrican.
Pero acuérdate de lo que se dijo al principio de este capítulo.
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Cambiar tu manera de pensar, o de sentir, o de vivir es posible, pero nunca fácil. Seamos hipotéticos por un
momento. Si te dicen, amenazándote al mismo tiempo con una pistola, que dentro de un año vas a tener que
hacer algo muy difícil, como correr una milla en cuatro minutos y treinta segundos, o lanzarte del trampolín más
alto de la piscina con un estilo impecable, y que si no lo haces te fusilarán, seguro que te dedicarías en cuerpo
y alma a entrenarte para lograr estos objetivos hasta que te llegara el momento de actuar. Estarías entrenando
tu mente al mismo tiempo que tu cuerpo porque es tu mente la que le dice a tu cuerpo lo que tiene que hacer.
Te entrenarías constantemente, sin cesar, sin caer en la tentación de abandonar tu empeño o disminuirlo. Y
cumplirías tu cometido y salvarías tu vida.
Este pequeño cuento de hadas está destinado, por cierto, a demostrar algo. Nadie pretende cambiar su
cuerpo de un día para otro y sin embargo muchos esperamos y pretendemos que nuestras mentes sean
capaces de un cambio repentino. Cuando tratamos de aprender un comportamiento mental diferente,
pretendemos probarlo una vez y que luego se convierta, instantáneamente, en parte de nosotros mismos.
Si realmente quieres liberarte de las neurosis, realizarte y controlar tus propias decisiones, si realmente
quieres alcanzar la felicidad del momento-presente, necesitarás aplicar el mismo tipo de disciplina rígida que
necesitaste para aprender a pensar de forma autofrustrante, pues tendrás que desandar el camino mental que
has seguido hasta la fecha.
A fin de lograr plenamente este tipo de realización personal tendrás que repetirte hasta el cansancio que tu
mente te pertenece y que eres capaz de controlar tus propios sentimientos. El resto de este libro estará
dedicado a tratar de ayudarte a conseguir tus propios fines haciendo precisamente que empieces por enunciar
repetidamente esos temas: tú puedes escoger lo que más te convenga, y tus momentos presentes son
tuyos para que tú los disfrutes, si realmente decides estar a cargo de ti mismo

AMIGOS DE LA U.P.E.A PSICOLOGIA

Hola amigos les mando saludos y un abrazo psicologico, este es un blog para todos nosotros, aqui subire un monton de fotos y comentarios de todo lo que vaya pasando en la univercidad y la carrera espero les guste y espero que lo vean siempre que puedan

Otra cosa tambien subire los libros que vaya encontrando en formato pdf siempre y cuando los encuentre cuidense y suerte en todo